domingo, 8 de mayo de 1977

LA MUERTE DE PANCHO RAMÍREZ


"Junto al ceibal florecido, /
cara al cielo y solitario, /
riega con sangre caliente /
la rosa azul de su canto; /
el grito muerde las carnes:
/Delfina!, Delfina! ... Pancho! /
y el hombre se vuelve tigre /
y el tigre vuelve matando.../
silencio, montes y ríos, /
los pumas están llorando".

La décima que leemos al pie del monumento al general Francisco Ramírez en la entrerriana ciudad de Gualeguaychú, es, sin duda, muy bonita, aunque dista de reflejar la verdad histórica por más que ha sido tácitamente aceptada por la mayoría de los historiadores argentinos. Cuenta dicha leyenda, a la que el propio Mitre dio su espaldarazo de su "Historia de Belgrano" que, perseguido Ramírez muy de cerca por las fuerzas del gobernador cordobés Francisco Bedoya, fue boleado el caballo de su amante la brasileña Delfina Menchaca, al quedar algo rezagada del grupo perseguido. Al sentir sus desesperados gritos, presa del enemigo, Ramírez habría dado "vuelta cara"  para, cargando enfurecido sobre sus captores, caer muerto de un balazo en el corazón, según algunos, en el cuello según otros. Hasta aquí la leyenda. Porque Doña Delfina no fue capturada. Volvió a Entre Ríos con el resto de las fuerzas de Ramírez, ahora al mando de su lugarteniente el oriental Anacleto Medina, luego de una penosa odisea de 19 días por tierra santiagueña y correntina.

Creímos también nosotros durante mucho tiempo en la leyenda la cual a más de hermosa dentro de lo trágico del episodio, parecía veraz dada la unanimidad con que es aceptada por los estudiosos del tema en el país hermano. Solo un aspecto de la versión nos rechinaba: ¿Pudo el valiente entrerriano haberse adelantado en la huida a su amante dejándola a tiro de boleadoras del enemigo el, que como nuestro Lavalleja, ha de haber sido siempre "el primero en las cargas y el último en las retiradas" ? Por suerte, como no siempre sucede en el terreno histórico, la duda es fácil de disipar. Porque aquel oriental Anacleto Medina quien, desde un primer momento ayudó a Ramírez a organizar las luchas independentistas en Entre Ríos, dejó escritas unas breves memorias de la referida campaña, que pueden ser consultadas en nuestra Biblioteca Nacional.

Trágico personaje también este descendiente de indios charrúas que llegó a ostentar el grado de Brigadier General de nuestro ejército, veterano de múltiples jornadas bélicas en el escenario platense; bravo coracero en Ituzaingó, donde es ascendido a coronel, factor decisivo de la victoria unitario-colorada en Cagancha, comandante de la caballería urquicista en Caseros. Fiel a Ramírez conspirará con el medio hermano de éste, López Jordan, contra el nuevo gobernador de Entre Ríos impuesto por Buenos Aires, el porteño Lucio Mansilla, futuro héroe de la Vuelta de Obligado y cuñado de Rosas. Descubierto y apresado es inquirido por Mansilla acerca de qué pena cree merecer. "¡La muerte!, le espeta airado y altivo al rostro de su captor.

Protagonista principalísimo del controvertido drama de Quinteros, hallará terrible e inhumano fin, octogenario ya, a manos de sus ex - correligionarios tras el combate de Manantiales, en su nativo departamento de Colonia (A. Saldías lo considera erróneamente como misionero). Analfabeto, en uno de sus destierros en suelo entrerriano, donde gozaba de distinguida consideración de Urquiza, dictó a su secretario Gregorio Machado las referidas "memorias" o "apuntes" con el largo título de: "Muerte del General Francisco Ramírez llevando la guerra con 700 hombres a las provincias de Buenos Aires, Santa Fe  Córdoba, 1821".

Pasemos a ellas en lo que concretamente motiva este tema:

Respecto a lo que se dijo que la muerte del General Ramírez fue por salvar a la mujer que lo acompañaba, es incierto, porque después de  ese hecho, cuando se retiraba con 6 u 8 hombres buscando mi incorporación, lo persiguió una mitad de tiradores al mando del oficial porteño que, siendo su ayudante lo había traicionado pasándose al enemigo: Conociéndole al General, le dijo a los pocos hombres que le acompañaban: 'Volvamos cara y carguemos a ese pícaro traidor que nos viene persiguiendo'. Así fue pero en la carga que les dio, los perseguidores hicieron una descarga, resultando él solo herido y como a las 2 cuadras de distancia cayó del caballo. Esta fue la declaración de los soldados del piquete que lo acompañaban y que resultó exacta".

Como en tantos episodios del pasado, la historia documentada y la leyenda hablan lenguajes diferentes. No fue, pues el sublime sentimiento del amor, sino el más pedestre de la venganza, el que precipitó a la muerte a Pancho Ramírez. Su cabeza embalsamada ($42 costó la operación) fue enviada en una jaulita a su rival, el santafecino Estanislao López. Es que eran los tiempos de aquella "barbarie" por la que, años después, anatematizaría duramente Sarmiento a los caudillos y sus drásticos procedimientos... lo cual no obstaría para que él aplaudiera alborozado la decapitación del noble patriarca riojano Angel Vicente Peñaloza, el famoso Chacho.

Que si la leyenda se ha nutrido siempre del vuelo imaginativo, su hermana bastarda, la pseudo - historia, supo hacerle, además, de bien orquestados  silencios.

JORGE PELFORT
EL PAÍS
8 mayo 1977

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