miércoles, 15 de agosto de 1984

IMPERIALISMO DE ULTRAMAR EN URUGUAY (VI)


Lo que Herrera no podía creer, posteriormente se confirmaría: en agosto de 1904, Batlle había solicitado al presidente Theodore Roosevelt el envío de fuerzas navales para patrullar el río Uruguay, con la misión principal de impedir el contrabando de armas desde el Comité de Guerra Nacionalista que actuaba en la Argentina, hacia las fuerzas revolucionarias de Saravia. Un biógrafo de Batlle, el estadounidense Milton Vanger, nos habla de "cuatro barcos de guerra norteamericanos" llegados en octubre, muerto ya Saravia y recién firmada la paz. Según testimonios de gente de la época, los "marines" desfilaron desde el puerto por Sarandí hasta la plaza Independencia, donde se realizó una ceremonia.


Y para rematar el episodio, ante la forzada renuncia del presidente mejicano Victoriano Huerta, sostendrá "El Día" (27.VI.14): "Los Estados Unidos han probado urbi et orbis, que las naciones latinoamericanas nada, absolutamente nada tienen que temer de su conducta respecto a ellas. Creemos ésta una razón suficientemente poderosa para que cese de una vez una propaganda alarmista que no tiene ningún punto de apoyo y que pretende que los americanos del norte constituyen el peligro mayor para la integridad de éstas repúblicas".

Siderales distancias con las advertencias de Herrera demás de una década atrás.

LA GUERRA MUNDIAL...Y OTRA INSÓLITA TEORÍA.- La guerra mundial, ante la entrada de Estados Unidos en 1917, comienza a definirse claramente en favor de los aliados anglo-franceses. Los yanquis presionan ahora las naciones latinoamericanas par que rompan relaciones con Alemania y acaso le declaren la guerra.

No podía aducirse, como posteriormente en la segunda guerra mundial, el pretexto de la solidaridad en contra de una filosofía detestable como el nazi-fascismo. Los motivos de la de 1914 constituyeron una notoria pugna por hegemonías económico-políticas y apetitos colonialistas. Los productos con sello "Made in Germany" estaban adquiriendo inesperada demanda a nivel mundial; y para peor, el Kaiser Guillermo II había lanzado una frase con visos de slogan, que había rozado ásperamente la epidermis del imperio británico: "Unsere Zukunft ist auf dem See" (nuestro futuro está en el mar). Sin descartar, por supuesto, el subyacente revanchismo francés por el 70 y la ansiada recuperación de Alsacia y Lorena.

En el parlamento, el Partido Nacional condena la tendencia belicista prohijada principalmente por el canciller Baltasar Brum, afirmando por su vocero el Dr. Washington Beltrán, que "...que sería un grave error abandonar en estos instantes la neutralidad sin una causa seria ocasional que lo motive, sin una agresión directa a nuestros derechos (...) la doctrina de nuestra cancillería es indefendible desde el punto de vista jurídico, falsa desde el punto de vista sentimental y para el futuro puede ser profundamente peligrosa desde el punto de vista del interés nacional".

"La Democracia" reproduce un reportaje realizado a Herrera en Buenos Aires sobre el tema: "La emancipación de Sud América sólo tuvo platónicas aprobaciones de Estados Unidos. La causa de la libertad en Sud América no le debe ni un adarme de sacrificio, ni de pasión romántica. Guárdome de reprochárselos. Sólo señalo un hecho notorio que es oportuno poner de manifiesto cuando, en un arranque de demencia o de excesiva frialdad utilitaria, se proclama que deben las repúblicas hispanoamericanas atar sus destinos a la guerra, al destino imperialista de los Estados Unidos".

El Partido Socialista condenará también la ruptura, afirmando que "...dadas las circunstancias y la forma en que se produce, reviste la apariencia de un acto impuesto por potencias extranjeras, lo cual arroja dudas sobre la realidad de nuestra soberanía".

Pero el Gobierno está decidido. Y causa real estupor la preocupación tan inédita como pueril del Presidente y Canciller por destacar que rompíamos relaciones y embanderábamos al país con un de las partes en guerra ...¡sin tener por qué!

En efecto, Feliciano Viera, sucesor de Batlle en la presidencia, puntualizará: "Es mi deseo señalar especialmente la índole de la actitud uruguaya que adopta medida tan trascendental sin ningún agravio que vindicar, sin ofensa directa que reprimir, sino que su gesto, superior y tranquilo, sólo se funda en un principio de elevada solidaridad con los defensores del derecho y la justicia, que son, al propio tiempo, los viriles mantenedores de las pequeñas soberanías, los abnegados combatientes de la democracia mundial".

Los uruguayos, haciéndonos eco de las muletillas acuñadas por los imperialismos de todos los tiempos.

El canciller Dr. Brum es invitado de inmediato a Washington y allí explicará ante el gobierno del Presidente Wilson, el agresor de Veracruz: "El Uruguay, sin sufrir agravio, por el solo interés de la solidaridad americana (¿tres años antes Méjico no estaba en América?), ha roto sus relaciones con Alemania. La admiración por la causa de los aliados nos ha llevado a conceder privilegios a sus flotas, a requisar los barcos alemanes surtos en Montevideo, a conceder créditos a esas naciones por 60 millones de pesos para facilitarles la compra de productos uruguayos".

La admiración del Dr. Brum por el presidente estadounidense será tal que, al suceder a Viera en la presidencia, denominará "Wilson" a la actual rambla, homenaje en vida del que no conocemos precedentes en el país, (después del proyecto de Tomás Diago, presidencia Berro, Artigas tuvo que aguardar 61 años por ver cristalizado su monumento). Durante su presidencia, en una conferencia en la Universidad aún sostendrá: "Si bien en el pasado su política pudo haber sido injusta y áspera con algunos países latinos... la inmensa mayoría del pueblo norteamericano se orienta ahora hacia una política justa y amistosa... de justicia e igualdad con sus  hermanas de América".

Siete años después, tardía pero lealmente, ante el ataque de Estados Unidos a Nicaragua, reconocerá: "Confieso con verdadero pesar que mi admiración y simpatía por los Estados Unidos de que tantas pruebas he dado, vacilan ahora ante la solidaridad, aparente al menos, de su pueblo con la política internacional de su gobierno"  y se referirá a "su injusta política contra Méjico, Nicaragua, Haití, Panamá".

O sea, que Herrera, que Beltrán, que el Partido Blanco, tenían razón.

"CON SANDINO, NUESTROS CORAZONES".- Al firmarse en 1928 el pacto Kellog (apellido del canciller de EE:UU.) por el cual las principales potencias mundiales "...condenan el uso de la guerra para la solución de los conflictos internacionales", los países firmantes requieren la adhesión de los países menores. Herrera, integrante del Ejecutivo Colegiado (Consejo Nal. de Administración), se opone a refrendarlo: "Para estar en paz con todo el mundo nosotros no precisamos un pacto Kellog (...) que debe sonar a hueco en los oídos sud y centroamericanos... esas bellas promesas estarán totalmente desautorizadas por la política atentatoria que se realiza en Nicaragua. (...) Con la resistencia de Sandino están nuestros corazones. El sentimiento de verdadero panamericanismo nos identifica con la pequeña y valerosa república, esclarecida por su derecho y por su propia debilidad. Artigas, el primero, reconoció en su famoso decreto autorizando el corso, la hermandad de las repúblicas nacientes. Voto, pues, contra la adhesión al pacto Kellog por entender que mientras haya un sólo soldado norteamericano en Nicaragua, el pacto no deja de ser otra "tira de papel".

Insistirá tenazmente con el tema. Así en "El Debate" en 1931: "Un telegrama llegado ayer nos trasunta en su laconismo trágico la noticia de un nuevo choque entre Sandino, el romántico defensor de las libertades, y tropas norteamericanas, defensoras de los intereses de los banqueros de Wall Street, (...) Hoy por hoy Nicaragua representa el dolor sangriento de América que se debate entre las garras del imperialismo, que no se para a  escarniar el derecho, siempre invocado en sus campañas de rapiña. (...) Sandino, un héroe continuador de la obra de los grandes libertadores - Washington, Bolívar, San Martín, Artigas, Sucre- águila él mismo desde su montaña abrupta, vigila, acecha, para caer en golpes de ala sobre los fusileros liberticidas, siervos del dólar, salvando así la dignidad de su pueblo, mientras los hermanos de América pregonan el plan de defensa contra el avance insolente del actual imperialismo. Nicaragua doliente, Nicaragua sangrienta, es hoy el símbolo de la América libre amenazada por el tirano moderno: el dólar".

GOLPEANDO NUESTRAS PUERTAS.- En 1931, en plena crisis económica mundial, se crea ANCAP, con el cometido de  "explotar y administrar el monopolio del alcohol y carburante nacional, importar, rectificar y vender petróleo y derivados y establecer fábricas de portland". El Estado se abrogaba el derecho de adquirir los transportes necesarios para la industria de la refinería, y, en tal caso, a utilizar en sus tripulaciones únicamente marinos uruguayos. Los miembros informantes Ing. Agr. Arturo González Vidart y Sr. Luis Batlle Berres, propugnan por el desarrollo de dicha flota así como ampliar la adquisición de "crudo" ante un nuevo mercado vendedor: la URSS. El primer envío de dicho país se atrasa y las petroleras tradicionales, arguyendo que las limitaciones que les significaba Ancap les imponía retirarse de nuestro medio, suspendieron entregas y aumentaron precios. Así, entre bambalinas, el imperialismo multinacional agravará las ya bastante seria crisis interna, alentando el golpe de Estado de Terra, quien le restituirá canongías, en detrimento del ente estatal y que, aún hoy, sigue usufructuando.

Herrera, tan celoso en captar siempre el primero, cualquier atisbo de imperialismo político, no lo vislumbra esta vez en su faz económica.

Curiosamente sucedió a la inversa con Batlle, quien tan lúcidamente  la emprendió contra el imperialismo económico británico (dará en cambio facilidades al norteamericano como "Swift" y "Armour"), nacionalizando las empresas inglesas de seguros, hipotecas, electricidad, teléfonos, telégrafos, correos, mientras que, en el terreno político sostenía la suicida teoría intervencionista de 1914, resucitada en 1945 por la "doctrina Larreta".

Pero lo verá, sí, claramente, un viejo guerrero saravista, uno de los que lanza en ristre, protagonizara las legendarias cargas de Arbolito y de Tupambaé: el escribano Basilio Muñoz. A los 73 años, dejará su cómodo despacho de vicepresidente del Banco Hipotecario para organizar la revolución, invadiendo, tras penosísimas peripecias y persecuciones, la frontera brasileña ¡con dos autos y dos camiones! Con él sus hijos Basilio y Alberto, quien aún lleva una esquirla de granada de recuerdo en un pulmón. Dos líderes batllistas cerrolarguenses se pliegan: el conocido literato Justino Zabala Muniz (Consejero de Gobierno 1955/59) y el hacendado Exequiel Silveira. La intentona, adelantada súbitamente ante una delación, falla en su coordinación, no sin dejar sangrienta huella en los montes de Río Negro y en Paso de Morlán, Colonia.

Jorge Pelfort
CONCERTACIÓN

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