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domingo, 2 de enero de 2011

GORGONIO AGUIAR - UN PRÓCER SOSLAYADO

Cte. Dr. Gorgonio Aguiar
Juan (1) María Gorgonio Aguiar, nació probablemente en Montevideo en fecha no determinada, hijo del español Juan Benito Aguiar y de Petrona Fernández, argentina. Fue su esposa María Magdalena Lavalleja, una de las seis hermanas de don Juan Antonio.

Disfrutó de una bastante buena educación ya que, según Plácido Abad "...era versado en estudios de Derecho y Filosofía". Ello explica que en alguna correspondencia, Artigas aluda a "...el señor doctor Gorgonio Aguiar...". José Encarnación de Zas manifiesta en sus Memorias "...conocer yo a Aguiar desde que él era estudiante". Otro contemporáneo, el militar Ramón de Cáceres,  destaca que "... era hombre de capacidad y tenía algunos principios (de estudios, obviamente)".

jueves, 30 de marzo de 2000

A DESARTIGAR

Artigas dictando las Instrucciones del Año 1813
El operativo a desartiguizar, o sea de rebajar a Artigas como prócer mayor e indiscutido de la patria, avanza más o menos disimulado, pero inexorablemente. No se trata de la charlatanería de bombo y platillos contra Artigas con los que trata de llamar la atención sobre si cierta reencarnación de la trilogía unitaria de Mitre, Sarmiento y Vicente F. López. Por el contrario, es estilo del citado operativo ese “dar quitando” que aflora como al pasar - aunque no carente de alguna estocada a fondo -  y que siempre quita más de lo que da. En “Búsqueda del 16 ppdo. el Sr. Kempis Fleitas tiró el gato arriba de la mesa muy oportunamente. Veré que puedo aportar al tema, por más que leo la prensa - principal fuente al respecto - esporádicamente.

miércoles, 23 de diciembre de 1998

BLANCOS Y COLORADOS

Oribe, fundador del Partido Blanco,
Rivera, fundador del Partido Colorado
Aunque parezca poco creíble, aún queda gente que escribe –o qué cómodamente transcribe- en la esperanza de que sus eventuales lectores sean ignorantes.  Tal lo que sucede con un cronista que, en los días de lobizón aparece en un diario de mínimo tiraje para, con óptica implacablemente actual –y tapándose un ojo para ver sólo una mitad- exhuma y se regodea con muertes violentas acaecidas hace un siglo y medio, las que adjudica, no faltaba más, a la sevicia de esa casta de sádicos de sus adversarios políticos, capaces hasta de hacer decapitar a una infinidad de desgraciados prisioneros. Todo, claro está, en base al arcaico truco de omitir prolijamente esbozo alguno de información que insinuare que los del bando de sus amores perpetraren similares o aún peores tropelías. Porque, inexorablemente, cuando alguien confronta esos híbridos de verso payadoresco con novelita rosa contra la contundencia de los documentos, todo el artificioso escaparate se les viene al suelo. Y como para muestra basta un botón, nos limitaremos a esbozar la ejecutoria de tan sólo uno de sus ídolos predilectos, en ese aspecto.