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| Andrés Guazurarý (Andresito) |
Diversos artículos publicados últimamente en EL PAÍS (Pivel, Narancio y el propio Maggi) en torno a aspectos vinculados al libro de este último “Artigas y su hijo el Caciquillo”, me indujeron a su lectura. Lo encontré un trabajo honesto, valiente, aportador, hablándose sin ambages de la juventud non- sancta del Prócer, o bien de Santiago Vázquez como frustrado instigador de su asesinato, o con toda naturalidad del “genocidio de Salsipuedes”. Acusa al Archivo Artigas de haber atesorado sin publicar, como hubiere correspondido, muy aclaratorios documentos, actitud muy en concordancia –agrego yo- con la de Eduardo Acevedo quien, tras haber hurgado a discreción en los archivos bonaerenses, en su “Alegato Histórico” sentenció: “Es inútil echarse a buscar antecedentes en la vida de Artigas antes de su incorporación al movimiento activo del coloniaje y la independencia”. Y arranca con él ya de 33 años, en 1797.
